Había una vez tres cerditos que vivían en un bosque. Un lobo siempre perseguía los tres cerditos y él quiso a comerlos. Un día, se decidieron a separar y cada cerdito hizo una casa diferente. El menor cerdito hizo su casa con pajas porque él era perezoso y él sólo quiso jugar. El secundo cerdito hizo su casa con madera, aunque más prudente que su hermano menor, él todavía sólo quiso jugar como su hermano menor. El hermano mayor hizo su casa con ladrillos porque él sabía qué el lobo pude a su casa sí la casa no era fuerte. Mientras el hermano mayor era trabajando con su casa, él vio sus hermanos jugando y les dijo que si sus casas no era segura el lobo pudo comerlos. Los dos otros cerditos no cuidan, y pensaban nada pasaría.
Mientras el cerdito menor era un su casa, el lobo vino a la puerta y dijo, “Ábreme, Ábreme, tengo hambre” y el cerdito lo negó. Entonces, el lobo le dijo “Yo soplaré y soplaré y su casa yo destruiré”. El lobo sopló y la casa de paja derrumbó y el cerdito corrió a la casa de su hermano mayor. El lobo vino a la casa de madera y les dijo a los dos cerditos, “Ábreme, Ábreme, tengo hambre” y los cerditos lo negaron. Entonces el lobo les dijo a los cerditos “Yo soplaré y soplaré y su casa yo destruiré”. Después el lobo sopló, el lobo destruyó la casa y los dos cerditos corrieron por sus vidas a la casa del cerdito mayor.
Después los dos cerditos entraron la casa, el hermano mayor les dijo a sus hermanos “¡no preocupan!, mí casa es muy fuerte y el lobo nunca podrá destruir esta casa”. Cuando el lobo vino a la casa y dijo sus palabras famosas y sopló, nada pasó. El lobo sopló y sopló, pero la casa quedó. Cuando el lobo fracasó, él trató entrar la chimenea porque las ventanas y puertas eran cerradas. Aunque el lobo era listo, el cerdito mayor era más listo que él. El cerdito puso una olla con agua encima de un fuego. El lobo cayó en la olla y se quemó.
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